domingo, 8 de junio de 2008

Un año después

Llevaba ya un año viviendo en un pueblo pequeño llamado Duskblade, a unos cuantos días de Palanthas. Como resulta ya evidente, no nací ni crecí ahí, pero no puedo hablar de mi pasado, por lo menos, no por ahora.

¿Que quién soy? Mi nombre es Minerva, y soy una clérigo de Kiri-Jolith. Comencé a escribir esto con la esperanza de que, si no logramos salir del apuro en el que nos encontramos, por lo menos alguien se entere de qué fue lo que hicimos, y lo que intentamos prevenir.

Comenzaré a contarles ahora.

Desde hace algunas semanas el elfo que vive en el pueblo como guardabosques había estado notando que desaparecían el ganado y las aves de corral, y encontró huellas de lobos cerca del pueblo. Como ningún aldeano se encontraba preparado para hacerle frente a una manada de lobos, el jefe del pueblo mandó llamar a unos mercenarios para que se hicieran cargo del problema. Llegó un grupo de 5 soldados y un muchacho semielfo que se notaba era recién un aprendíz. Después de acordar el precio de sus servicios con el jefe, los soldados dejaron al aprendiz en el pueblo, se llevaron un acólito de mi iglesia y fueron a investigar... Nunca regresaron.

Tres días después el semielfo logró convencer al jefe de que le permitieran ir a investigar, llevando con él al ranger. Dado que el acólito era conocido mío, y tras obtener la aporbación del sacerdote, yo fui con ellos. Es así como todo comenzó.

Nos internamos en el bosque siguiendo al elfo, que buscaba en el suelo las huellas de los soldados, como solo él sabe hacer. Tras algunas horas de marcha escuchamos a los lobos, por lo que fuimos a investigar. Encontramos a un enano malencarado y feo (¿pero qué enano no lo es?) trepado a un árbol, siendo atacado por una jauría de lobos. Tras matar algunos y ahuyentar al resto, el enano, que al parecer no sabía ni su nombre, ni qué hacía en medio del bosque, se unió a nuestro grupo.

Vimos humo a lo lejos, y al ir a investigar descubrimos un campamento empalizado perteneciente a unas criaturas parecidas a perros, pero paradas sobre dos patas. El semielfo les llamó “Goblins”. Pensando que podían ser los que atacaron a los soldados, decidimos observarlos. Contamos alrededor de 10 de esos seres. La naturaleza agresiva del enano y el odio del elfo hacia esos seres provocó que fueran acabando con los sentinelas de uno por uno, usando su arco, hasta que al fin salió de la empalizada una partida de 4, temerosos y asustados. Acabamos con 3 y el cuarto se dio a la fuga, y nosotros entramos a la empalizada, pero no encontramos nada de interés, mas que señales de que los goblins también habían sido atacados por los lobos. Salimos de ahí y continuamos rastreando a los soldados.

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