Al llegar a la aldea todo se veía normal: había niños jugando a la pelota y aldeanos trabajando. Nosotros fuimos a reportarle al jefe y al sacerdote lo sucedido. Mientras les decíamos lo sucedido, llegó corriendo una mujer buscando al sacerdote, ya que su niño se había enfermado súbitamente. El sacerdote fue a atenderlo mientras cada uno de nosotros se iba por su lado. Yo regresé al templo a continuar con mis quehaceres mientras recordaba todo lo sucedido. Después de algunas horas llegó el sacerdote: el niño había fallecido a pesar de todos sus esfuerzos.
A lo largo del día comenzaron a llegar más familias solicitando ayuda, siempre con niños enfermos, y nada de lo que hiciéramos lograba evitar su muerte. Con horror comenzamos a notar que los cuerpecitos sin vida mostraban una sonrisa ya conocida por mi, por lo que fui en busca del resto del equipo que entró a la cueva. El ranger estaba en su cabaña, y el semielfo y el enano en la posada del pueblo. Les pedí que me acompañaran de vuelta al templo, y vimos algo escalofriante: un grupo de niños jugando a la pelota ¡con la cabeza de otro niño! Sentí que me volvería loca, y corrimos hacia el temlo.
Al llegar, la entrada estaba atrancada, y el sacerdote no nos quería permitir la entrada, hasta que lo convencimos que que eramos nosotros y no esas horribles criaturas. Estando dentro nos contó como tanto los niños como los padres estaban volviendo a la vida, pero con esa sonrisa antinatural en la cara, y que él se había encerrado por temor a que fuera una enfermedad contagiosa. En eso, llegaron un grupo de niños pidiendo entrar, o que nosotros saliéramos a darles un abrazo. Podíamos detectar perfectamente por su tono de voz que ellos ya habían sido “convertidos”, y ya confirmación llegó cuando aventaron un objeto a través de uno de los ventanales de la iglesia: ¡la cabeza con la que habían estado jugando! Lo peor de todo fue cuando dicha cabeza se giró para vernos, y pidió que jugáramos con ella. Nos deshicimos de ella, y pensamos qué podríamos hacer.
Fuera del templo la gente empezaba a congregarse, hasta que me di cuenta de que todo el pueblo había sido convertido, esos ya no eran los aldeanos que me habían dado la bienvenida en su pueblo, y odié al ente que los había poseído, pues ya no me cabía duda de que eso era lo que había pasado. Con mis nuevos compañeros salimos a intentar detener al ser que se había apoderado de ellos. Dicho ser se presentó como “Toben el múltiple”, y a pesar de tener sentido del humor y hacer que todos estuvieran sonrientes, se notaba que es un ser de gran malignidad.
Lamento tener que escribir que matamos a muchos aldeanos antes de darnos cuenta de que al ser no le importaba en absoluto, los "aldeanos" mismos nos proporcionaban aceite y antorchas para quemar las casas, y se introducian en ellas para arder vivos. Ya hasta los animales habían sido poseidos: ardillas, el ganado, las aves... todo sonreia, nos seguía, nos hablaba y se burlaba de nosotros. Exigimos ver al acólito pensando que quizá en él estuviera la inteligencia central, y le cortamos la cabeza, pero no cambió en nada nuestra desesperada situación. El ser exigió que nos marcharamos del pueblo porque lo aburríamos, o él/ellos comenzarían a esparcise por el bosque. Tomamos lo que pudimos, uno de los "aldeanos" nos llevó una carreta, y emprendimos el viaje a Palanthas.
domingo, 8 de junio de 2008
La cueva
Nuestro pequeño grupo por fin llegó a la entrada de una cueva, en cuyo lugar se veían restos de pelea entre los soldados y los lobos... y dentro de la cueva encontramos los restos de 4 de los soldados, pero ni rastro del acólito o del maestro del semielfo, por lo que decidimos entrar a investigar (aunque comenzaba a anochecer y yo era de la opinión de regresar a la aldea). Nos enfrentamos a algunos lobos a los que vencimos sin grandes problemas, ya que el enano es un gran luchador (aunque su personalidad deja mucho que desear), e internandonos más descubrimos que en el fondo de la cueva había una especie de tunel vertical, con una cuerda anudada como para usarla para bajar, pero cortada a la mitad. Nosotros colocamos una nueva cuerda y bajamos con algunos problemas.
La parte baja de la cueva era muy diferente al resto, ya que era obra de seres inteligentes: tenía piso y paredes de piedra, corredores y habitaciones. Fuimos atacados por unos animales parecidos a murciélagos, pero hechos completamente de hueso, y utilicé la ayuda de mi dios para ahuyentarlos, además de curar las heridas de mis compañeros, por lo que comencé a cansarme. Encontramos ahí el cadaver del acólito, con una extraña sonrisa plasmada en la cara. Tras llevar su cuerpo hasta la boca del tunel, seguimos investigando el lugar. Esto cada vez parecía ser obra de algun mago loco, ya que los mismos lobos se habían comportado en forma antinatural, segun un comentario del ranger.
Como para en ese momento era ya muy tarde, y yo necesitaba rezar y descansar para recuperarme, decidimos dormir en una habitación que ya habíamos revisado. Acordamos quedarnos todos juntos por si había más peligros, y nos acostamos a dormir. No sé que haya pasado después, pero cuando desperté todos mis compañeros, y yo también, estabamos en un estado de extrema debilidad, y ellos me acusaban de haberlos atacado mientras dormíamos. Fueron necesarios tres días de reposo para recuperarnos completamente, y poder seguir adelante.
Por fin, tras otros encuentros desagradables con más animales muertos, al fondo de las habitaciones encontramos una biblioteca en pésimo estado, con todo destruido y libros tirados por todas partes, había también una fuente muy extraña de la que parecía salir niebla continuamente, y un pedestal en el que descansaba un libro. Tras tomar el libro con mucho cuidado logramos descifrar que se trataba del diario de un mago, y la última entrada informaba que su experimento más reciente había abierto un portal por el que había entrado un ser de otro plano, al parecer llamado Toben.
Como no pudimos averiguar nada más, decidimos salir de la cueva. Al llegar a la boca del túnel nos encontramos con una sorpresa: ¡el cadáver del acólito no estaba! Subimos temiendo una emboscada, y nos encontramos con algo peor: el maestro del semielfo estaba ahí, peleando contra algunos soldados... ¡Los mismos que habíamos dado por muertos al entrar! Lo peor de todo era la extraña sonrisa que tenían plasmados sus cuerpos sin vida mientras luchaban por acabar con su antiguo camarada, ¡Era algo realmente escalofriante!.
Nos unimos a la lucha para ayudar al viejo soldado, y logramos acabar con los muertos vivientes, pero a pesar de nuestros esfuerzos el viejo soldado también murió. Como no teníamos nada más que hacer ahí decidimos regresar al pueblo a comentarle al jefe y al sacerdote lo que había pasado.
En el camino encontramos un campamento con una fogata, y sobre esta unos palos atravesados como para asar algún animal, seguramente obra del maestro del semielfo. Junto a la fogata había un lobo. En cuanto el lobo nos vio, mostró sus dientes como en una sonrisa, y... ¡saltó hacia la fogata!. Observamos horrorizados cómo el animal comenzaba a girar como si estuviera atravesado en el palo, asándose, sin hacer ningún esfuerzo para escapar, mientras hasta nosotros llegaba el olor a pelo y carne quemados... atónitos, sin saber qué hacer, seguimos hacia la aldea.
La parte baja de la cueva era muy diferente al resto, ya que era obra de seres inteligentes: tenía piso y paredes de piedra, corredores y habitaciones. Fuimos atacados por unos animales parecidos a murciélagos, pero hechos completamente de hueso, y utilicé la ayuda de mi dios para ahuyentarlos, además de curar las heridas de mis compañeros, por lo que comencé a cansarme. Encontramos ahí el cadaver del acólito, con una extraña sonrisa plasmada en la cara. Tras llevar su cuerpo hasta la boca del tunel, seguimos investigando el lugar. Esto cada vez parecía ser obra de algun mago loco, ya que los mismos lobos se habían comportado en forma antinatural, segun un comentario del ranger.
Como para en ese momento era ya muy tarde, y yo necesitaba rezar y descansar para recuperarme, decidimos dormir en una habitación que ya habíamos revisado. Acordamos quedarnos todos juntos por si había más peligros, y nos acostamos a dormir. No sé que haya pasado después, pero cuando desperté todos mis compañeros, y yo también, estabamos en un estado de extrema debilidad, y ellos me acusaban de haberlos atacado mientras dormíamos. Fueron necesarios tres días de reposo para recuperarnos completamente, y poder seguir adelante.
Por fin, tras otros encuentros desagradables con más animales muertos, al fondo de las habitaciones encontramos una biblioteca en pésimo estado, con todo destruido y libros tirados por todas partes, había también una fuente muy extraña de la que parecía salir niebla continuamente, y un pedestal en el que descansaba un libro. Tras tomar el libro con mucho cuidado logramos descifrar que se trataba del diario de un mago, y la última entrada informaba que su experimento más reciente había abierto un portal por el que había entrado un ser de otro plano, al parecer llamado Toben.
Como no pudimos averiguar nada más, decidimos salir de la cueva. Al llegar a la boca del túnel nos encontramos con una sorpresa: ¡el cadáver del acólito no estaba! Subimos temiendo una emboscada, y nos encontramos con algo peor: el maestro del semielfo estaba ahí, peleando contra algunos soldados... ¡Los mismos que habíamos dado por muertos al entrar! Lo peor de todo era la extraña sonrisa que tenían plasmados sus cuerpos sin vida mientras luchaban por acabar con su antiguo camarada, ¡Era algo realmente escalofriante!.
Nos unimos a la lucha para ayudar al viejo soldado, y logramos acabar con los muertos vivientes, pero a pesar de nuestros esfuerzos el viejo soldado también murió. Como no teníamos nada más que hacer ahí decidimos regresar al pueblo a comentarle al jefe y al sacerdote lo que había pasado.
En el camino encontramos un campamento con una fogata, y sobre esta unos palos atravesados como para asar algún animal, seguramente obra del maestro del semielfo. Junto a la fogata había un lobo. En cuanto el lobo nos vio, mostró sus dientes como en una sonrisa, y... ¡saltó hacia la fogata!. Observamos horrorizados cómo el animal comenzaba a girar como si estuviera atravesado en el palo, asándose, sin hacer ningún esfuerzo para escapar, mientras hasta nosotros llegaba el olor a pelo y carne quemados... atónitos, sin saber qué hacer, seguimos hacia la aldea.
Un año después
Llevaba ya un año viviendo en un pueblo pequeño llamado Duskblade, a unos cuantos días de Palanthas. Como resulta ya evidente, no nací ni crecí ahí, pero no puedo hablar de mi pasado, por lo menos, no por ahora.
¿Que quién soy? Mi nombre es Minerva, y soy una clérigo de Kiri-Jolith. Comencé a escribir esto con la esperanza de que, si no logramos salir del apuro en el que nos encontramos, por lo menos alguien se entere de qué fue lo que hicimos, y lo que intentamos prevenir.
Comenzaré a contarles ahora.
Desde hace algunas semanas el elfo que vive en el pueblo como guardabosques había estado notando que desaparecían el ganado y las aves de corral, y encontró huellas de lobos cerca del pueblo. Como ningún aldeano se encontraba preparado para hacerle frente a una manada de lobos, el jefe del pueblo mandó llamar a unos mercenarios para que se hicieran cargo del problema. Llegó un grupo de 5 soldados y un muchacho semielfo que se notaba era recién un aprendíz. Después de acordar el precio de sus servicios con el jefe, los soldados dejaron al aprendiz en el pueblo, se llevaron un acólito de mi iglesia y fueron a investigar... Nunca regresaron.
Tres días después el semielfo logró convencer al jefe de que le permitieran ir a investigar, llevando con él al ranger. Dado que el acólito era conocido mío, y tras obtener la aporbación del sacerdote, yo fui con ellos. Es así como todo comenzó.
Nos internamos en el bosque siguiendo al elfo, que buscaba en el suelo las huellas de los soldados, como solo él sabe hacer. Tras algunas horas de marcha escuchamos a los lobos, por lo que fuimos a investigar. Encontramos a un enano malencarado y feo (¿pero qué enano no lo es?) trepado a un árbol, siendo atacado por una jauría de lobos. Tras matar algunos y ahuyentar al resto, el enano, que al parecer no sabía ni su nombre, ni qué hacía en medio del bosque, se unió a nuestro grupo.
Vimos humo a lo lejos, y al ir a investigar descubrimos un campamento empalizado perteneciente a unas criaturas parecidas a perros, pero paradas sobre dos patas. El semielfo les llamó “Goblins”. Pensando que podían ser los que atacaron a los soldados, decidimos observarlos. Contamos alrededor de 10 de esos seres. La naturaleza agresiva del enano y el odio del elfo hacia esos seres provocó que fueran acabando con los sentinelas de uno por uno, usando su arco, hasta que al fin salió de la empalizada una partida de 4, temerosos y asustados. Acabamos con 3 y el cuarto se dio a la fuga, y nosotros entramos a la empalizada, pero no encontramos nada de interés, mas que señales de que los goblins también habían sido atacados por los lobos. Salimos de ahí y continuamos rastreando a los soldados.
¿Que quién soy? Mi nombre es Minerva, y soy una clérigo de Kiri-Jolith. Comencé a escribir esto con la esperanza de que, si no logramos salir del apuro en el que nos encontramos, por lo menos alguien se entere de qué fue lo que hicimos, y lo que intentamos prevenir.
Comenzaré a contarles ahora.
Desde hace algunas semanas el elfo que vive en el pueblo como guardabosques había estado notando que desaparecían el ganado y las aves de corral, y encontró huellas de lobos cerca del pueblo. Como ningún aldeano se encontraba preparado para hacerle frente a una manada de lobos, el jefe del pueblo mandó llamar a unos mercenarios para que se hicieran cargo del problema. Llegó un grupo de 5 soldados y un muchacho semielfo que se notaba era recién un aprendíz. Después de acordar el precio de sus servicios con el jefe, los soldados dejaron al aprendiz en el pueblo, se llevaron un acólito de mi iglesia y fueron a investigar... Nunca regresaron.
Tres días después el semielfo logró convencer al jefe de que le permitieran ir a investigar, llevando con él al ranger. Dado que el acólito era conocido mío, y tras obtener la aporbación del sacerdote, yo fui con ellos. Es así como todo comenzó.
Nos internamos en el bosque siguiendo al elfo, que buscaba en el suelo las huellas de los soldados, como solo él sabe hacer. Tras algunas horas de marcha escuchamos a los lobos, por lo que fuimos a investigar. Encontramos a un enano malencarado y feo (¿pero qué enano no lo es?) trepado a un árbol, siendo atacado por una jauría de lobos. Tras matar algunos y ahuyentar al resto, el enano, que al parecer no sabía ni su nombre, ni qué hacía en medio del bosque, se unió a nuestro grupo.
Vimos humo a lo lejos, y al ir a investigar descubrimos un campamento empalizado perteneciente a unas criaturas parecidas a perros, pero paradas sobre dos patas. El semielfo les llamó “Goblins”. Pensando que podían ser los que atacaron a los soldados, decidimos observarlos. Contamos alrededor de 10 de esos seres. La naturaleza agresiva del enano y el odio del elfo hacia esos seres provocó que fueran acabando con los sentinelas de uno por uno, usando su arco, hasta que al fin salió de la empalizada una partida de 4, temerosos y asustados. Acabamos con 3 y el cuarto se dio a la fuga, y nosotros entramos a la empalizada, pero no encontramos nada de interés, mas que señales de que los goblins también habían sido atacados por los lobos. Salimos de ahí y continuamos rastreando a los soldados.
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